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Columna de Opinión

 

Un lustro para sacarle brillo a Chile y China.

Por Mario Ignacio Artaza.
Cónsul General de Chile en Hong Kong
19 de octubre de 2011
Mario Ignacio Artaza

En tiempos recientes, ni ADIMARC, CEP, CERC o Mori han encuestado a la población chilena para determinar científicamente, si acaso ésta percibe que su vida cotidiana ha variado para mejor, a través de la puesta en marcha de una vigorosa estrategia de apertura comercial, apoyada transversalmente en términos políticos por los principales referentes a nivel nacional, energizada a través de la negociación y suscripción de mecanismos asociatividad alcanzados con distintas economías, muchas de las cuales se encuentran ubicadas literalmente, al otro lado del planeta.

Sin embargo, basta solo revisar las estadísticas públicas accesibles por toda la comunidad en la web, referida al intercambio de bienes; la conformación de las canastas de productos y el número de empresas, grandes, medianas y pequeñas que participan en aquellos emprendimientos; el movimiento de personas de negocios, turistas y por cierto, de estudiantes universitarios de pre y pos grado; de elencos artísticos y muestras de carácter cultural, desde la puesta en vigor en octubre del 2006, del primer tratado de libre comercio suscrito por la República Popular China con un país individual del mundo, Chile, para poder exclamar una sola respuesta: por cierto!

Porque no puede haber duda alguna que la relación bilateral entre Chile y China, sustentada ya sobre una serie de “primeros” (partiendo por Chile, primer país sudamericano en reconocer al gobierno de Beijing, como el legítimo representante de los intereses del pueblo chino, en 1970), que han efectivamente contribuido a sentar las bases para una interacción sin par, entre una nación sudamericana con la hoy segunda economía más importante del mundo, se ha empoderado aún más a través del tratado de libre comercio en bienes suscrito en el marco de la Cumbre  de Líderes APEC celebrada en Pusán, Corea, en el 2005 y cuyo primer lustro desde su entrada en vigor, es conmemorado precisamente, este mes de octubre. Ha sido a través de dicho acuerdo, que las puertas de una relación de carácter integral, se han abierto para abarcar la mayor cantidad de áreas posibles de cooperación, integración y comercio.

En el marco del Foro BOAO, el Presidente Hu Jintao describió a Chile como “la locomotora de China en América Latina”. Cómo se ha proyectado la relación bilateral Chile-China? Pues partiendo por medio de un activo intercambio de bienes, el cual ha evolucionado en términos monetarios, de unos US$ 7 mil millones en el 2005, alcanzando unos US$25,800 millones en el 2010 (representando un 21% del intercambio comercial total de Chile en el 2010). Desde la puesta en marcha del TLC, las exportaciones chilenas a China han aumentado a un ritmo anual del orden a un 35%, mientras que las importaciones a Chile desde China, en un 31%. Más del 60% de lo que hoy se comercializa en tiendas de retail en nuestro país tienen su origen en China. Destacable es el hecho que las exportaciones no cobre ni celulosa al mercado chino han crecido en un 34,5% el 2010, en comparación con lo anotado en el 2009, y a un ritmo anual promedio de un 28% durante el periodo 2005-2010.

Ahora bien, aún cuando la canasta de bienes exportados directamente desde Chile a China se mantiene principalmente conformada por commodities (minerales, celulosa, harina de pescado), la tendencia indica que son cada vez más quienes se la juegan por Chile, con nuevos productos y servicios (arquitectura, por ejemplo, liderado por la Asociación de Oficinas de Arquitectos, AOA), en China. Así, ya son medio millar de empresas chilenas se encuentran exportando a China y, anualmente, son cada vez más los jóvenes y mujeres que se suman a la ecuación de negocios exitosos de manera directa, con contrapartes en aquel país asiático.
En tal sentido, bien vale la pena subrayar que mientras Chile es el principal proveedor de cobre del principal consumidor de dicho mineral en el planeta, nuestro país también ocupa lugares de liderazgo en cuanto a la provisión a consumidores en China, de diversos productos agropecuarios, partiendo por nuestras uvas, manzanas, cerezas, kiwis, truchas, partes de aves, vino embotellado y a granel. Avances se notan en cuanto a la exportación de carne de cerdo y lácteos chilenos, a China.

Lo anterior es potenciado por los más de 350 millones de habitantes que hoy conforman una clase media emergente en China, con gustos y aspiraciones similares a las de cualquier país globalizado. Son ellos quienes más disfrutan de estos bienes al momento de adquirirlos, ya sea en supermercados o en restaurantes, en localidades que no están circunscritas a ciudades que son conocidas por muchos en Chile, como ya son Beijing, Shanghai o Guangzhou. En la actualidad son Dalián, Tianjin, Qingdao, Chongqing, Xiamen, Hangzhou, Shenzhen, algunas de las ciudades en donde Chile marca presencia a través de sus bienes y, por cierto, por medio de personas de negocios que han aceptado el reto de ir más allá de la media, cuando de comercializar en mercados internos donde hay presencia de consumidores deseosos de beneficiarse de la estrategia globalizadora que ha emprendido China, implementando profundas reformas desde  diciembre 1978 (bajo el mando del Presidente Deng Xiaoping, a la fecha.

Fortalecido por medio de un espíritu positivo y proactivo, el acuerdo bilateral Chile-China ha evolucionado incorporando nuevas áreas de interacción, potenciando así una relación privilegiada entre dos socios del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico, APEC, ya sea por medio de la suscripción de un acuerdo suplementario en materia de servicios, como también un convenio de transporte aéreo con nuestro hoy, primer socio comercial. Con el TLC suscrito con China, Chile reafirmó una vez más, su compromiso con un comercio libre, abierto, seguro, basado en reglas transparentes y no discriminatorias, en una economía global, con actores cada vez más contectados e interdependientes.

Claro está que ambos países aspiran a más en diversos ámbitos del quéhacer económico, comercial y financiero, desde la puesta en marcha del TLC Chile-China. Prueba de ello es el trabajo que sus respectivos funcionarios gubernamentales especializados han efectuado, ya sea en terreno o en la mesa de negociación, para incentivar el flujo bilateral de inversiones, en áreas donde tanto Chile como China tienen el potencial de ver fortalecidas distintas áreas del conocimiento, emprendimiento e innovación, principalmente a través de exitosas iniciativas generadas en equipo, ya sea por personas o empresas.

Ejemplos de lo anterior han sido el joint venture llevado a cabo por la Sociedad Química y Minera de Chile, SQM, con la firma china Migao Corporation, para la producción de nitrato de potasio en la ciudad de Chengdú, provincia de Sichuan; Molymet, la mayor procesadora mundial de molibdeno, y su joint venture con China Moly para la operación de la firma Luoyang High-Tech Molybdenum & Tungsten Material (LuoMo High Tech), ubicada Luoyang, en la provincia de Henan, y los acuerdos suscritos entre el Banco de Chile – el primer Banco latinoamericano en abrir una oficina de representación en Beijing – y el China Development Bank (CDB.

En el campo académico, Chile es hoy sede de dos Institutos Confucio (Pontificia Universidad Católica de Chile en Santiago y la Universidad Santo Tomás, en la región de Valparaíso), con varias casas de estudios superiores realizando anualmente giras de estudios para alumnos de pos grado. A nivel gubernamental, este año se puso en marcha un Consulado General de China en Iquique, mientras que Chile inauguró un Consulado General y una oficina comercial, en Guangzhou.  Próximamente ahí, en la ciudad en donde Chile se convirtió en el primer país de América Latina en abril del año 1845 (Guangzhou es la antigua Cantón), una oficina de intereses comerciales, se llevará a cabo una jornada en el calendario anual de Sabores de Chile. Chile es uno de los pocos países latinoamericanos que cuenta con Consulados y oficinas comerciales en Beijing, Shanghai, Guangzhou, a las que se le suman el Consulado General y oficina comercial en Hong Kong, más la oficina comercial en Taipei.

Especial atención merece la puesta en marcha del Consejo Binacional de Negocios Chile-China, una herramienta de convergencia orientada a dinamizar la interacción entre empresas privadas o ligadas al Estado chino, con sus pares chilenas; las iniciativas surgidas por medio del liderazgo de la Cámara Chileno-China de Comercio, Industria y Turismo A.G., CHICIT, la Asociación Gremial de Empresarios Chinos en Chile, y la Cámara de Comercio Asia Pacífico, todos ellos focalizados en una estrategia para contribuir hacia la identificación y materialización de una agenda amplia de negocios y, por cierto, en el flujo de personas de negocios, el intercambio de experiencias y el establecimiento de un clima favorable para inversiones.

Durante el presente mes de octubre, en momentos que Chile y China conmemoran  cinco años desde la puesta en marcha de un instrumento de asociatividad bilateral, mediante el cual se ha podido generar una relación que va mucho más allá del solo vender o de comprar, una estatua de acero de 12 metros de altura, será emplazada en Copiapó para celebrar la paz y el espíritu de comunidad que une a ambos países del Pacífico. Un buen punto de partida para comenzar a identificar conjuntamente, hacia dónde queremos apuntar estratégicamente una relación de carácter integral sin par, más con talento y orgullo, seguir sacándole el brillo que ésta se merece.

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